¿Están las ciudades del país preparadas para recibir y brindar una alta calidad de vida a los miles que llegan?

La rápida urbanización en el mundo y en especial en América Latina se ha convertido en un gran reto para los gobiernos locales. De acuerdo al Banco Interamericano de Desarrollo, en los últimos 50 años pasamos de tener un porcentaje de población urbana del 41% al 80% en el 2016. Colombia y sus ciudades capitales son cada vez más atractivas para miles de personas de las zonas rurales y de otros países de la región, cuya situación política o económica atraviesa por momentos críticos sin precedentes, por ejemplo, Venezuela. De ahí la importancia que planeemos el futuro de nuestras ciudades y garanticemos una alta calidad de vida para todos.

La verdad es que nunca nos hemos preparado para una gran migración de venezolanos, ecuatorianos o peruanos hacia nuestras ciudades. El conflicto armado interno generó desplazamiento de miles de colombianos a otros países; de acuerdo a la Organización Internacional para las Migraciones (2011) hay más de 680.000 colombianos que viven en Venezuela. Sin embargo, el escenario actual es diferente. Los grupos armados al margen de la ley están firmando los Acuerdos de Paz y la situación económica y política del país se mantiene estable. Sumado a esto, con el retiro de visado a más de 30 países se han generado incentivos para la llegada de ciudadanos de otros países que pretenden la nacionalidad colombiana.

Es por ello, que el crecimiento ordenado de nuestras ciudades debe ser prioridad en las agendas de los alcaldes y gobernadores del país. Sobre todo, en ciudades atractivas en oportunidades como Bogotá y Medellín, o en departamentos fronterizos como Norte de Santander que son paso obligado de miles de venezolanos que cruzan diariamente en busca de oportunidades y seguridad. Estas personas que llegan al país necesitan elementos básicos como servicios públicos, vivienda, educación, empleo, cultura y transporte. Y si los gobernantes no se preocupan por ordenar el territorio y garantizar dichos elementos, se genera un gran caos, la vida se vuelve más difícil y disminuimos nuestra capacidad de ser competitivos ante otras capitales de la región y del mundo.

“Cifras oficiales hablan de 343.000 venezolanos en suelo patrio, mientras que estimativos de aquellos en situación irregular calculan que son hasta 900.000” (Julio 2017, El tiempo).  Es un hecho que ninguna ciudad del país está preparada para brindarle lo básico a aquellas personas que necesitan el apoyo del Estado colombiano en este momento. Duele ver a gente muy preparada en Transmilenio, o en el centro de la ciudad buscando cómo sobrevivir. Pero también crece la solidaridad, ya que los colombianos se han organizado para ayudar a quienes llegan, con comida y hospedaje.

En Conclusión, ciudades como Medellín, Bogotá y Bucaramanga avanzan en la dirección correcta; cada día son más atractivas para los empresarios, trabajadores y ciudadanos. Su ambiente de innovación genera soluciones creativas a los retos diarios que implica brindar una alta calidad de vida a la gente.

La experiencia internacional y nacional ha demostrado que para tener ciudades inteligentes es necesario construir alianzas entre gobiernos con altas capacidades técnicas, universidades regionales que formen excelente capital humano, y empresas con alta responsabilidad social. En la región, probablemente el mejor ejemplo es Medellín, galardonada como la ciudad más innovadora del mundo. Allí se consolidaron las alianzas ya mencionadas y se construyó un proyecto de ciudad, independientemente de los intereses de varios grupos locales. Allá si saben que todos ganan si la ciudad está mejor.

@fernandezjca

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